Por qué proteger a los más pequeños de los ambientes agresivos

Por qué proteger a los más pequeños de los ambientes agresivos

Es indispensable que crezcan en un clima de respeto, admiración protección y cuidados, siempre educarlos en la fe 

“Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos”. (Marcos 10,16)

La percepción del adulto es totalmente diferente a la del niño. A los adultos, con el tiempo se nos va olvidando que también fuimos niños y también se nos olvidan las cosas que nos lastimaban tanto.

El adulto puede reconocer que algo no funciona bien en su vida, el niño no. El niño sabe que si juega, es feliz; al adulto se le olvida lo que le hace feliz y piensa que la responsabilidad por el trabajo, los quehaceres en la vida social y el placer que logra en su cuerpo, son todo en la vida.

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El niño vive en su mundo, ese mundo es un lugar sorprendente, mágico y lleno de fantasía. El adulto puede reconocer una mentira o engaño, el niño no puede diferenciarla, porque al llegar a este planeta, percibe un mundo que de por sí es maravilloso y en el cual todo es posible: máquinas que nos transportan de un lado a otro, plantas que crecen por sí solas, existen animales que jamás hubieran pasado por su imaginación, te puedes comer algo absolutamente delicioso como la nieve con chispas de chocolate, hay gente de todos tamaños y colores que te sonríen cuando vas pasando, todo tiene colores… y son maravillosos…, hasta puedes tener uno que sea tu favorito y vestirlo!! Llueve, nieva y hace sol. El agua es maravillosa, te la puedes tomar, te puedes bañar con ella, puedes pasar horas de diversión nadando en la alberca, cae sola del cielo y a veces se convierte en nieve y ¡puedes jugar en ella…!

Lo anterior es una gran ventaja que el niño tiene sobre el adulto, porque al crecer y  madurar, el adulto se acostumbra a la vida y el mundo se convierte en algo cotidianamente aburrido. Pero a la vez también tiene una desventaja catastrófica para el niño cuando se encuentra sometido a experiencias de tipo agresivo. Por ejemplo, si el niño observa que atropellan un perro en la calle, entonces se involucra con la experiencia y se siente responsable de lo que le ocurrió al animal porque sucedió dentro de su mundo, en sus percepciones, y no puede desprenderse de ellas. Esta es la razón por la cual el niño que ve pelear a sus padres se siente culpable, aunque el conflicto no le atañe; y cada vez que alguno de los padres es golpeado, abandonado o lastimado, incluso verbalmente, entonces silenciosamente la culpa va aumentando y esto ocasiona que el niño baje su nivel de juego o se vuelva juego atípico, baje su desempeño escolar o sus conductas se vuelvan adversas (berrinches, robos, agresividad, pérdida de atención, timidez, sentimientos de inadecuación, hiperactividad entre otras).

 
   

Cuidar la autoestima

Tenga cuidado, ya que los videojuegos, la televisión, las noticias de estos tiempos de violencia influyen de igual manera que una experiencia real. Si su pequeño observa ambientes donde se golpean unos a otros, no se respetan las diferencias entre los personajes, se ofenden, mienten y no se aceptan, entonces se estará lastimando su autoestima.

Es posible que el niño pueda recuperar su autoestima y sus potencialidades cuando el ambiente agresivo es eliminado a tiempo, pero si el pequeño está expuesto a este tipo de ambientes por tiempo prolongado, la situación se tornará cada vez más difícil y necesitará ayuda terapéutica para resolver tales conflictos.

Crecer en un ambiente saludable

Es indispensable que crezcan en un clima de respeto, admiración protección y cuidados, siempre educarlos en la fe, que participen de las catequesis y enseñarles a orar; en una palabra, ponerlos en las manos del Maestro:

“Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos”. (Marcos 10,13-14,16)

¡Abracemos a nuestros niños con el abrazo del Todopoderoso y quedarán protegidos!

Publicado en PildorasdeFe.net, autor: Rafael Ruiz

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